DE LOS MEDIOS A LAS MEDIACIONES. SELECCION DE TEXTOS DE JESUS MARTIN BARBERO
1) Del libro De los medios a las mediaciones.
Comunicación, cultura y hegemonía. Gustavo Gili.
México. 1987.
"...investigar los procesos de constitución de lo masivo desde las transformaciones de la culturas subalternas. Cargada tanto por los procesos de transnacionalización como por la emergencia de sujetos sociales e identidades culturales nuevas, la comunicación se está convirtiendo en un espacio estratégico desde el que pensar los bloqueos y las contradicciones que dinamizan estas sociedades-encrucijadas, a medio camino entre un subdesarrollo acelerado y una modernización compulsiva. De ahí que el eje del debate se desplace de los medios a las mediaciones, estos es, a las articulaciones entre prácticas de comunicación y movimientos sociales, a las diferentes temporalidades y la pluralidad de matrices culturales. [203]
"El campo de lo que denominamos mediaciones se halla constituido por los dispositivos a través de los cuales la hegemonía transforma desde dentro el sentido del trabajo y la vida de la comunidad. Puesto que es el sentido mismo de las artesanías o las fiestas el que es modificado por aquel desplazamiento "de lo étnico" o "lo típico" que no sólo para el turista, también en la comunidad, va produciendo la borradura de la memoria que convoca. Y ello es una doble operación de desconexión y recomposición, al menos por el distanciamiento entre producción e intercambio comunitario, se separa al individuo de su comunidad al interiorizarla la necesidad de firmar, de colocar su nombre en cada pieza, y se va disolviendo el sentido social de su trabajo. Los "pedazos dispersos", los fragmentos separados de cada cultura son integrado en tipicidades que de lo nacional a lo transnacional revierten sobre las comunidades indígenas en formas de conducta o necesidades de objetos industriales sin los cuales su vida es ya prácticamente imposible. Aquellos mismo que las comunidades indígenas produjeron, o mejor sus modos de producir, se convierten en vehículos mediadores de la desagregación, dislocación entre objetos y usos, entre tiempos y prácticas. [207]
"...Al cine se le encarga darle imagen y voz a las identidades nacionales. Y al cine irán las masas populares no tanto a divertirse cuanto a "experimentar con su vida cotidiana", a "ver reiterados sus códigos de costumbres". Es un cine que, como apuntábamos más atrás, hace nacionalismo desde el melodrama: el género capaz de vertebrar cualquier tema o situación a la vez evocando mitos y masificando modos de comportamiento. Pero más allá de los chauvinismos esa identidad resultaría vital para unas masas urbanas que a través de ellas menguan el impacto de los choques, haciendo a su manera una síntesis de la cultura tradicional y las imposiciones y exigencias de la ciudad. Y con el cine, la radio será el otro medio que permitirá conectar lo que viene de culturas campesinas con el mundo de la sensibilidad urbana. Conservando sus hablas, sus canciones y no poco de su humor, la radio mediará entre tradición y modernidad. Y será también el vehículo más eficaz -hasta la aparición de la televisión a finales de los años cincuenta- de valores clasistas y racistas, de la reducción de la cultura a slogans: una creciente deformación melodramática o ideológica de las canciones y un nacionalismo que se torna cada día más hueco y pintoresco. Cine y radio serán al mismo tiempo los gestos de una integración musical latinoamericana que se apoyará tanto en la "popularidad" de ciertos ritmos -el bolero, la ranchera, el tango- como sobre la mitificación de algunos ídolos de la canción. Desde esos años el otro gran creador de ídolos y pasiones populares urbanas será ya el fútbol. [211-2]
"...las clases subalternas asumen, porque no les queda de otra, una industria vulgar y pedestre, y ciertamente la transforma en autocomplacencia y degradación, pero también en identidad regocijantes y combativa. , Las investigación de los usos nos obliga entonces a desplazarnos del espacio de los medios al lugar en que se produce su sentido, a los movimientos sociales y de un modo especial a aquellos que parten del barrio. [213]
"...En su base se halla una cultura política que ya no es la de los trabajadores, aquella visión del mundo frontalmente cuestionadora que hacía los anarquistas o socialistas, sino otra más reformista, que miraba la sociedad como algo que podía ser mejorado, una sociedad que sin ser radicalmente distinta a la existente podía llegar a ser mejor organizada, más justa.
Visión que se configura a partir de la imagen (y la experiencia) de [213] movilidad social que ofrecía la sociedad y de la percepción que sociedad y Estado habían logrado un grado de solidez que era ya difícilmente enfrentable. Al cambiar la percepción y representación de los sectores populares se hacen de la sociedad y sus conflictos, las propuestas de transformación se hacen más complejas y matizadas, y la representación política pasa del radicalismo anarquista al sindicalismo reformista.
Desde tres tipos de ámbitos distintos se va a configurar esa cultura barrial: los constituidos por factores ajenos, como la escuela; los constituidos desde fuera son sin embargo dotados de significación propia, como el café; los que son creación en buena media autónoma de los sectores populares, como las bibliotecas y los clubes. (...) El otro elemento configurador básico de esa cultura fueron los mediadores. Son activistas o "cuadros" adherentes algunos al Partido Socialista, maestros y también pequeños comerciantes y profesionales del barrio, que operan en las instituciones barriales haciendo el nexo entre las experiencias de los sectores populares y otras experiencias del mundo intelectual y de las izquierdas. Son transmisores de un mensajes, pero insertos en el entramado de la cultura popular del barrio." [214]
"El barrio aparece entonces como el gran mediador entre el universo privado de la casa y el mundo público de la ciudad, un espacio que se estructura en base a ciertos tipos específicos de sociabilidad y en últimas de comunicación: entre parientes y entre vecinos. El barrio proporciona a las personas algunas referencias básicas para la construcción de un nosotros, estos es, de una «sociabilidad más ancha que la fundada en los lazos familiares y al mismo tiempo más densa y estable que las relaciones formales e individualizadas impuestas por la sociedad» [T. Pirez do Rio] Frente a la provisionalidad y rotatividad del mercado de trabajo que, especialmente en tiempo de crisis económica dificulta la formación de lazos permanentes, es el barrio donde las clases populares pueden establecer solidaridades duraderas y personalizadas. Porque es en ese espacio donde quedar sin trabajar no significa perder la identidad, esto es, dejar de ser hijo de fulano o padre de mengano. [217]
"...al dejar fuera del análisis las condiciones sociales de producción del sentido, lo que el modelo informacional elimina es el análisis de las luchas por la hegemonía, esto es, por el discurso que "articula" el sentido de una sociedad. [223]
"...redescubrimiento de lo popular, al nuevo sentido que esa noción cobra hoy: revalorización de las articulaciones y mediaciones de la sociedad civil, sentido social de los conflictos más allá de su formulación y sintetización política y reconocimiento de experiencias colectivas no encuadradas en formas partidarias. Lo que se halla en proceso de cambio es la concepción misma que se tenía de los sujetos políticos. A una concepción substancialista de las clases sociales, como entidades que reposan sobre sí mismas, autosuficientes, corresponde una visión del conflicto social como manifestación de los atributos de los actores. Pero entonces "el proceso político, en sentido estricto, no sería productivo, no generaría nada sustancialmente nuevo" [Landi]. Y sin embargo las relaciones de poder tal y como se configuran en cada formación social no son meras expresiones de atributos, sino productos de conflictos concretos y de batallas que se libran en el campo económico y en el terreno de lo simbólico. Porque es en ese terreno donde se articulan las interpelaciones desde las que se constituyen los sujetos, las identidades colectiva.
(...)
En la convergencia del nuevo sentido que adquieren los procesos de transnacionalización con la nueva concepción que cobra lo político, emerge en América Latina una valoración nueva, profundamente nueva de lo cultural. (...) Pero algo radicalmente distinto se produce cuando lo cultural señala la percepción de dimensiones inéditas del conflicto social, la formación de nuevos sujetos -regionales, religiosos, sexuales, generacionales- y formas [226] nuevas de rebeldía y resistencia. Reconceptualización de la cultura que nos enfrenta a la existencia de esa otra experiencia cultural que la popular, en su existencia múltiple y activa no sólo en su memoria del pasado, sino en su conflictividad y creatividad actual. Pensar los procesos de comunicación desde ahí, desde la cultura, significa dejar de pensarlos desde las disciplinas y desde los medios. Significa romper con la seguridad que proporciona la reducción de la problemática de comunicación a la de las tecnologías.[227]
"Esos hechos" [que han realizado la] mayor contribución a la] "un nuevo tipo de comprensión de las relaciones entre política y cultura" [según Joaquín Brunner son] "tres: la experiencia en los países bajo regímenes autoritarios, de que los modos de resistir y de oponerse procedieron en buena parte de espacios fuera de los considerados en el análisis tradicional, como comunidades cristianas, movimientos artísticos, grupos de derechos humanos; la percepción de que aún el autoritarismo más brutal no se agota nunca en las medidas de fuerza ni responde únicamente a intereses del capital, sino que hay siempre un intento de cambiar el sentido de la convivencia social modificando el imaginario y los sistemas de símbolos; por último, el hecho de que la cultura merced a la dinámica de la escolarización y a la de los medios masivos se ha colocado en el centro de la escena política y social. Se abre así el debate a un horizonte de problemas nuevo en el que lo redefinido es tanto el sentido de la cultura como el de la política, y en el que la problemática de la comunicación entra no solamente a título temático y cuantitativo -los enormes intereses económicos que mueven las empresas de comunicación-, sino cualitativo: en la redefinición de la cultura es clave la comprensión de su naturaleza comunicativa. Esto es, su carácter de proceso productor de significaciones y no de mera circulación de informaciones y por tanto, en el que el receptor no es un mero decodificador de lo que en el mensaje puso el emisor, sino un productor también.
Es en el cruce de esas dos líneas de renovación -la que viene de inscribir la cuestión cultural al interior de lo político y la comunicación en la cultura- donde aparece en todo su espesor el desafío que representa la industria cultura. [228]
"en la percepción popular el espacio doméstico no se agota en las tareas de la reproducción de la fuerza de trabajo. Por el contrario, y frente a un trabajo cercado por la monotonía y el despojo de cualquier actividad creativa, el espacio doméstico representa y posibilita un mínimo de libertad y de iniciativa. Del mismo modo, no toda forma de consumo es interiorización de los valores de las otras clases. El consumo puede hablar y habla en los sectores populares de sus justas aspiraciones a una vida más digna. [230-1]
"Para abordar las lógicas (en plural) de los usos debemos comenzar por diferenciar nuestra propuesta de aquel análisis denominado de los "usos y gratificaciones". Puesto que de lo que tratamos es de sacar el estudio de la recepción del espacio acotado por una comunicación pensada en términos de mensajes que circulan, de efectos y reacciones, para reubicar su problemática en el campo de la cultura: de los conflictos que articula la cultura, de los mestizajes que la tejen y las anacronías que la sostienen, y en últimas del modo en que trabaja la hegemonía y las resistencias que moviliza, del rescate por tanto de los modos de apropiación y réplica de las clases subalternas. [241]
"En los usos no habla sólo la clase social, habla también la competencia cultural de los diversos grupos, que atraviesa las clases, por vía de la educación formal en sus distintas modalidades, pero sobre todo los que configuran las étnicas, las culturas regionales, los "dialectos" locales y los distintos mestizajes urbanos en base a aquellos. [241]
"...tras la aparición de las masas urbanas lo popular ya no será lo mismo. Y entonces, o renunciamos a pensar la vigencia cultural de lo popular o si ello tienen aún sentido será no en términos de exterioridad resguardada, sino de imbricación conflictiva en lo masivo. Claro que para que esa proposición resista los malentendidos deberá ser referida no a los medios de masificación sino a la masificación misma, estructural de nuestra sociedad, esos es, a la imposibilidad de que las masas hicieran efectivo su derecho al trabajo, la salud, la educación y la diversión sin masificarlo todo. Lo masivo en esta sociedad no es un mecanismo aislable o un aspecto, sino una nueva forma de socialidad. De masas es el sistema educativo, la formas de representación y participación política, la organización de las prácticas religiosas, los modelos de consumo y los usos de los espacios. De ahí que pensar lo popular desde lo masivo no signifique, no deba al menos significar automáticamente alienación y manipulación, sino unas nuevas condiciones de existencia y de lucha, un modo nuevo de funcionamiento de la hegemonía. Por eso frente a la crítica de la masificación uno tiene derecho a preguntarse con A. Signorelli si lo que se rechaza es lo que hay en ella de opresión y dominio, o lo que ella entraña de nuevas formas de relación social y de conflictividad. Lo que importará entonces, aún más que la denuncia, será el tratar de comprender cómo la masificación funciona aquí y ahora, los rasgos históricos propios de ese proceso en América Latina. [249]
"...lo que deberíamos investigar: cuál es la posición efectiva que la industria cultural ocupa en el campo simbólico de estos países. Si se partiera de ahí se descubriría no sólo que la cultura masiva no ocupa una sola y la misma posición en el sistema de las clases sociales, sino que en el interior mismo de esa cultura coexisten productos heterogéneos, unos que corresponden a la lógica del arbitrario cultural dominante y otro las demandas simbólicas que vienen del espacio cultural dominado. Estamos ante un mercado material y simbólico no unificado. [249]
"...en qué medida lo que pasa en el mercado simbólico remite no sólo a lo que tiene que ver con la lógica de los intereses de la clase dominante, sino también a la dinámica y la complejidad del universo de los dominados.
(...) ¿cuánto de lo que constituyen o hace parte de la vida de las clases populares, y que es rechazado del discurso de la Cultura, de la educación y la política, viene a encontrar expresión en la cultura de la masa, en la industria cultural? Una expresión deformada, funcionalizada pero capaz sin embargo de activar una memoria y de ponerla en complicidad con el imaginario de masa. Lo que activa esa memoria no es del orden de los contenidos ni siquiera de los códigos, es del orden de las matrices culturales. (...) Porque decir matriz no es evocar lo arcaico, sino hacer explícito lo que carga el hoy, lo residual (Williams): el sustrato de constitución de los sujetos sociales más allá de los contornos objetivos que delimita el racionalismo instrumental y de los frentes de lucha consagrados por el marxismo. (250)
"La lectura de lo masivo desde lo popular no se ha limitado en América Latina al estudio de prácticas populares masificadas, está también renovando el análisis de los medios masivos. Vamos a asomarnos primero a la nueva concepción que allí resulta de la radio [ver Mata, M. "Historias de la recepción"] y en un segundo momento a los modos de presencia de lo popular en la televisión.(...)" [253]
2) Del libro Procesos de comunicación y matrices de cultura.
Itinerario para salir de la razón dualista.
FELAFACS-Gustavo Gili. México. 1987.
"Se abre camino un proyecto nuevo, estrechamente ligado al redescubrimiento de lo popular, al nuevo contenido que esa expresión cobra hoy: revalorización de las articulaciones de la sociedad civil, sentido social de los conflictos más allá de su formulación "política" y reconocimiento de experiencias colectivas no encuadradas en formas partidarias. Y ligado también a una revalorizacion de lo popular que es a la vez valoración de las mediaciones -de las diferentes temporalidades sociales y la multiplicidad de matrices culturales- y percepción de dimensiones inéditas del conflicto social, de nuevos espacios y de nuevos sujetos: étnicos, regionales, religiosos, sexuales, generacionales. [165]
"Desde el concepto de efecto las relaciones tecnología/cultura nos devuelven al fetiche: toda la actividad de un lado y mera pasividad del otro. Y lo que desde ahí se nos impide pensar, como en el análisis de los procesos de comunicación masiva, es la especificidad y la complejidad histórica de esos procesos. Desplazaremos entonces la mirada, o mejor el punto de vista, para interrogar la tecnología desde ese lugar otro: el de los modos de apropiación y uso de las clases populares. Porque lo popular en América Latina se configura cada día con más fuerza como "ese lugar desde el que se hace posible comprender históricamente el sentido que adquieren los procesos culturales, tanto los que desbordan lo nacional 'por arriba', esto es los procesos-macro que involucra la puesta en funcionamiento de los satélites y las tecnologías de informatización, como los que lo desbordan 'por abajo' desde la multiplicidad de formas de protesta 'regionales', locales, ligadas a la existencia negada pero viva de heterogeneidad cultural" [J.M.Barbero] (...) Lo que lo popular indica es el lugar de corte de dos coordenadas fundamentales en el aquí y el ahora de América Latina: un aquí en el que las culturas populares dejan de remitir a un pasado mentirosamente idílico y a una pasividad que estaría en su esencia, para descubrir su dinámica, su creatividad y conflictividad; y un ahora atravesado y desgarrado por la "no contemporaneidad" entre productos y usos, entre objetos y prácticas, pero una no contemporaneidad en positivo, ya que no mero atraso sino la brecha abierta en la modernidad por las culturas dominadas en su diferencia y en su resistencia. [177]
"...yo diría que relacionar la política a la vida cotidiana es reconocer con honestidad la idea tan estrecha que la izquierda ha tenido de lo político, de lo que cabía en lo político y descubrir entonces que la política no pasa solamente por el mundo de la fábrica sino también por el del barrio, no sólo por la plaza sino también por la casa, no sólo por la conciencia sino también por el sexo. A este propósito, la vida cotidiana tiene que ser pensada no únicamente desde el punto de vista de la repetición de las acciones, como lo hace una concepción sociológica que la limita al aspecto de la repetición de comportamientos en el espacio de lo microsocial. Creo que ésta es una visión muy plana, muy chata. Pensar lo cotidiano no es pensar únicamentente las tareas diarias sino todo el funcionamiento del deseo involucrado en esa vida cotidiana. Es por eso que puedo entrever el fenómeno de la telenovela si la veo únicamente en el sentido de la distracción, de la evasión, si no comprendo la dimensión poética que la telenovela representa en la vida cotidiana, la "inversión" de deseo y de búsqueda." [205]
3) Del libro de J.Martín Barbero y Sonia Muñoz (Coordinadores)
Televisión y melodrama. Géneros lecturas de la telenovela en Colombia. Tercer Mundo Editores. Bogota.
1992.
"Lo que se plantea ahora es la necesidad de abordar un producto concreto de la industria televisiva y de enorme éxito popular: la telenovela, para estudiar la manera como en él se articulan las lógicas comerciales de su producción con las lógicas culturales de su consumo. Ese modo de abordar la telenovela permite enriquecer y aterrizar los debates levantados recientemente a torno a: lo cultural, entendido no sólo como conjunto [19] de productos, sino como matrices y prácticas de conocimientos y comportamiento; lo popular como modo de existencia de competencias culturales diferentes a la hegemónica; el melodrama como expresión de la vigencia de "otras" matrices narrativas anacrónicas. La telenovela aparece además como un espacio de confrontación cotidiana entre el sentido de lo nacional (las sensibilidades, las temáticas y los personajes «propios» y el de lo transnacional: los modelos y formatos televisivos en su capacidad de trascender las fronteras nacionales.
Desde esa perspectiva el objetivo general del proyecto es el de investigar las mediaciones en las cuales se materializan las constricciones que vienen de la lógica económica e industrial en su articulación con las demandas y los modos de ver de diferentes grupos sociales.
Las mediaciones son pues ese "lugar" desde donde es posible comprender la interacción entre el espacio de la producción y el de la recepción: lo que se produce en la televisión no responde únicamente a requerimientos del sistema industrial y a estratagemas comerciales sino también a exigencias que vienen de la trama cultural y los modos de ver. Estamos afirmando que la televisión no funciona sino en la medida en que asume -y al asumir legítima- demandas que vienen de los grupos receptores; pero a su vez no puede legitimar esas demandas sin resignificarlas en función del discurso social hegemónico." [20]

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